Una característica de pecado heredado de nuestros primeros padres es auto-engaño. En Mateo 4, cuando Satanás tienta a Jesús a cambiar “las piedras en pan,” el objetivo es engañarle usando el poder para ser mágico y evitar su humanidad. Satanás desea tentarnos a ser más de lo que somos, a no contentarse con lo que somos como ser humanos. Lo vemos cuando el tienta a Eva a desobedecer a Dios para ser “como Dios.” Otra tentación de ser más que somos es cuando le dice a Jesús que se tire de la montaña como la escritura dice “El no permitirá que tu pie se lastime en la piedra.” Otra vez, Jesús afirmar su humanidad. El viene para darnos un ejemplo de cómo vivir nuestra fe en la realidad, una realidad muy peligrosa. Cuando desesperadamente necesitamos un milagro, podemos engañarnos en la creencia que somos más grande que la vida, una superestrella! Pensamos, “Lo que le ocurre a los demás no me puede pasar.” Le ponemos prueba a Dios con nuestras agendas, engañándonos nosotros mismos que no podemos tener consecuencias trágicas. Cuando nuestras expectativas no se cumplen, nos quejamos de que Dios nos ha abandonado. Sin embargo, Jesús nos muestra que ser guiados por el Espíritu no es ser “superestrella,” un mago, sino vivir en un mundo real. No somos más grandes que la vida y cuando desesperados, debemos buscar ayuda psicología pastoral y profesional.

Cuando Jesús entra al mundo real, hereda las mismas tentaciones que nosotros y en ocasiones, lo transforma en un ser desesperado. Pero, hay dos aspectos que nos llama la atención: primero, el mismo no se convierte en un desesperado. El permanece centrado en su obediencia a su padre y le dice a Satanás: “El hombre no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Curiosamente, antes de que Jesús entra al desierto a ser tentado, es bautizado y oye la aprobación de su padre. ¿Has oído esa misma aseveración de que perteneces a Dios? Oír eso es más importante que tratar de buscar respuestas desesperadas a su problema. ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de tomar decisiones impulsivas porque hemos perdido esa centralidad? El segundo aspecto es que aunque Jesús cambió realidades desesperadas, por ejemplo, curar los enfermos y resucitar a los muertos, probablemente cada uno de los que fue sanado se enfermó de nuevo y todos los que se levantaron de la muerte murieron de nuevo. El mundo real que heredemos y la realidad que existe, no cambian. Pero el espíritu nos enseña a cómo manejar nuestra vida real cuando nos mantenemos centrados y reconocemos a quien pertenecemos.

Si el pecado es un auto engaño, se manifiesta en desilusiones. Cambiar las piedras a pan o tratar escapar la realidad pensando que Dios nos rescatará con un Ángel esperándonos en el fondo, es vivir en desilusión. Es como brincar de un matrimonio en una fantasía a los brazos de otra(o), como si mágicamente cambiamos la realidad. Creemos que somos más grandes que la vida, pero con el tiempo, el autoengaño no nos protegerá y vamos a “lastimar el pie contra la piedra,” tal vez nuestra cabeza también.” Algunos viven una vida adictiva, otros en comportamiento impulsivo, todos al fin buscan sentirse mejor mágicamente, cambiando piedras a pan, siempre brincando de lugar a lugar en espera que alguien nos rescate.

¿Entonces, cómo podemos manejar nuestro auto-engaño?

En primer lugar, aceptar la realidad de nuestra herencia pecaminosa. Siempre buscaremos maneras de sentirnos bien en maneras que no funcionan. Tenemos que recordar a quien pertenecemos y mantenernos centralizados en el Espíritu. En segundo lugar, tenga en cuenta lo fácil que nos engañamos, en particular cuando nos encontramos desesperados. Busque pastores que atraviesan lugares psicológicos. Ellos te ayudaran en tu desierto hasta que escuches de nuevo la aprobación, “Este es mi hijo amado a quien tengo complacencia.”

Rev. Gerardo James de Jesus, Ph.D. is an Episcopal priest and psychotherapist at Mindful Behavioral Healthcare. He can be reached at drjerrydejesus@yahoo.com